Frente Internacional de Apoyo a la Cruzada Humanitaria del

 

 

Un Programa Cubano destinado a Poner Fin al Analfabetismo en el Mundo                     

 

YO, sí puedo

 

Intervención de la Alfabetizada Venezolana Eugenia Tuba en el Congreso Mundial de Alfabetización

  Muy buenas tardes para todos. En especial un saludo muy cordial para el presidente Fidel Castro que ahí lo tengo presente.

Soy participante de la Misión Robinsón en el estado Portuguesa, de donde vengo a contar mis experiencias vividas porque me siento demasiado contenta. Nunca lo pensé, nunca, aún en sueños, pude pensar esto de poder visitar otro país que no sea el mío a los 70 años, porque ya casi los cumplo.

Gracias a mi Dios me encuentro en este país cubano, de gente muy agradable, que me hace ser feliz a pesar de mi edad.

Recuerdo en este día, cuando se presentó mi maestra, allá en Guanares, visitando casa por casa ¿verdad? Y entonces ella me llamó y me dijo: “Señora Eugenia, hágame el favor” y cuando yo llegué a donde ella, me dijo: “Señora, hay un plan de alfabetización para personas que no saben leer ni escribir, para que logren aprender. Yo quiero que usted se inscriba.” Yo le dije: “A mi me da eso mucha pena. Yo no voy. Loro viejo no aprende a hablar”. Ella insistió y se fue, pero al otro día llegó “Señora Eugenia yo quiero que usted vaya”. Y yo le dije a ella: “Pero mira, cuando yo llegué allí a donde tu vas a dar clases y me encuentre con los compañeros se van a reír de mi porque soy muy viejita” Y dice ella: “No, no se van a reír. Vaya, yo quiero inscribirla” Le dije: “Déjeme pensarlo. Yo lo pienso esta noche y mañana le doy la respuesta.”

Ahora, cuando al otro día ella se presentó, yo le dije: “Sí, voy a ir. Pero el problema es que me da pena, y mi esposo no quiere y mis hijos tampoco.” Ella me dijo: “Vamos yo la voy a inscribir.” Y me inscribió.

Yo recuerdo que fui con mucha pena, pero al llegar allá, pues, ahí empezó el compañerismo ¡Qué cosa más preciosa! Esa Misión Robinsón allá en Guanares ha sido de lo más precioso, porque me sacó de las tinieblas a la luz ¿Sabe porqué? Porque a mi me daba pena… Pero, no, ahora estoy en otro país, puedo hablar, puedo relacionarme.

Eso es algo bello. Ahora empezamos ¿verdad? Empezamos a hacer los números, a aprender las letras y esto y lo otro…Y esa maestra muy contenta con nosotros y nosotros con ella.

Entonces fuimos aprendiendo a llenar la primera cartilla, y así lo hicimos todo. Y ella dice “Ustedes tienen que escribirle una carta al presidente, ya que terminó el primer curso, que vamos a hacer. Escríbanle” Y le dije yo: “¿Cómo, si no sabemos redactar una carta?  Y ella: “Yo les enseñé como se redacta una carta. Póngale al presidente lo que usted quiera pedirle” Entonces, bueno, yo dije: “Yo le voy a pedir a mi presidente, si puede ser, una ayuda económica porque no la tengo, necesitaba de una pensioncita ¿Verdad?” Y así, como pude… Primero lo saludé y le dije que Dios lo bendiga…

Me dijo la compañera: “¿Y tu que le pediste?  “Una pensión”. Dice: “Pero yo no le voy a pedir eso. Tengo una niña que está enferma del corazón. Voy a decirle si será posible que esa niña sea operada en Cuba, porque yo no tengo recursos para enviarla”. Ella le escribió eso también.

Al poco tiempo llega mi maestra y me dice: “Señora Eugenia”, esa fue la primera alegría, “¡Le salió la beca!” Ay, Dios… Mire, yo llegué sin aliento pero con esa emoción de seguir, de aprender más… Entonces, ya pasa eso… Después viene y me dice ella: “¿Cómo se siente, bien?” Y le digo: “Maestra, yo quiero seguir más pero ya hay vacaciones” Todos nos pusimos a llorar porque queríamos seguir y aprender más.

Pero ahí llegó lo bueno, porque en el segundo Robinsón, ¡Ay, dios mío! Dice ella: “Ahora les toca ver matemáticas y les toca ver historia…” Y bueno, entonces, será así…  Y yo dije: “A mi como que me da miedo eso, yo no voy a aprender por eso. Yo no voy a aprender nada” Le dije a ella y me fui. Tres días no volví.

A los tres días va ella y me dice: “No, pero es que usted tiene que ir ¿Qué le pasa? “Yo por esos videos… Yo no voy a ver eso” Me dice ella: “No, vamos, vamos. Vamos para que vea que es muy bueno y yo les explico después. Después de que ustedes lo ven ahí, les explico. O antes, como sea”. Ay, me volví a ir. Volvió ella a insistir, y bueno, voy.

Estábamos allí. Cuando llegué estaban en matemáticas, estaban todos esos números escritos ahí en la pizarra. Ay, Dios… Entonces yo decía: “Bueno, yo no sé que hacer, pero yo lo que voy a hacer es, que lo que explico la maestra para saber, yo voy a hacérmelo aquí en la manito escrito…” Entonces allá las compañeras me decían: “Ay, pero se ha hecho chuletera” Creo que me acusaron con mi maestra, porque cuando pasaba a la pizarra se ponía aquí. Hasta que ella vio que era verdad. Ellas me decían chuletera y yo no les hacía caso, yo seguía con la chuletita. Entonces me llamó ella sola, esperó que salieran todas, y me dijo : “Yo quiero, señora Eugenia, hablar con usted.” Me dijo: “Eso no le conviene, no le conviene a usted hacer así, porque después todos me hacen lo mismo y yo quiero que ustedes aprendan, aprendan bien” Entonces yo cogí, me fui a mi casa y pensaba “Estudiaré de noche” Ella decía: “Estudien la tabla” Y empecé yo a estudiar la tabla. En poco tiempo sabía, mire, aprendí a sumar, a restar, a multiplicar y ya estamos dividiendo !Gloria!.

Entonces llega mi maestra y me dice: “Ay, señora Eugenia, usted se va conmigo para Cuba” “¿Quién, yo?” Ese es el colmo… Todavía estoy aquí y no lo creo. “Ahí está mi esposo, él está casi cieguito y sordo, pero el está ahí” Ella fue y habló con él y él le dijo: “Sí, que se vaya, si ella se encuentra capacitada que se vaya” Pero le dijo “Me la cuida. La vieja mía va, pero usted me la cuida” Ay, mire…

Entonces nos hemos venido para acá. Al llegar aquí esta mañana fue lo más lindo… Bueno, yo me siento muy contenta, estoy feliz de estar en este bello país. Le doy las gracias a mi presidente Hugo Rafael Chávez, porque gracias a esta revolución bolivariana nosotros podemos estar aquí y estos dos países se han unido. Y la Misión Robinsón es producto de acá, porque todos nuestros profesores son cubanos, allí están unos… Eso es lindo ¿verdad?

Entonces, bueno, esta mañana cuando estamos allí, se aparece en persona, es lo más precioso, la profesora de lenguaje y la profesora de matemáticas. Me abrazaron, me hicieron unos autógrafos…

Yo estoy contando mis progresos ¿verdad? personales, pero aún podemos seguir adelante, porque ahora es que hay dos proyectos se han hecho allí en Guanares, estado de Portuguesa, donde yo vivo. Eso es precioso. Cuando la maestra ayer me dijo: “Usted sabe que ahora hay un plan de cooperativas. Cada uno tiene que trabajar” Entonces para nosotros los patriotas hay esa posibilidad de estudiar y también de trabajar, algo bello. Porque los productos que producen esas cooperativas se venden a unos precios más económicos, que sirven para el consumo nuestro y para el consumo también de la totalidad.

Entonces, es mentira lo que yo le dije a ella “Loro viejo no aprende a hablar” porque este loro de 70 años ahora es nuevo, ha renacido ¿verdad? (Ovación) Muchas gracias…

(Interrumpe Fidel Castro para dialogar con la alfabetizada Eugenia Tuba)

Fidel Castro- Tu nos has dicho cosas maravillosas, emocionantes, estimulantes. Pero hay dos cosas en las que no estoy de acuerdo.

Primera: Te enseñaron a pedir,  imaginate que el 1.400.000 alfabetizados le piden algo al presidente...!!!

Segunda: Te enseñaron a dividir, y eso está muy mal. Sumar, multiplicar, pero dividir, no…

Eugenia Tuba- Pero es que sí estamos dividiendo, estamos aprendiendo. Estamos ahí, en ese transcurso, aprendí a sumar, restar, multiplicar y está la división. Pero hay veces que nos ponen con los planes cubanos… Yo le digo a mi maestra: “Ay, dios mío” y ella me dice ”Es que tienes que aprender”

Fidel Castro- ¿Planes cubanos de dividir? No, no diga…

Eugenia Tuba- No, no, no. Bueno, usted es el mayor de. Usted sabe. Oiga: de no saber nada, vengo aprendiendo ¿verdad? Como la maestra nos enseña ¿verdad?

Fidel Castro- Oye, Eugenia, por último, decirte que este loro viejo también ha vuelto a renacer.

(Ovación)

 

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